AKADEMGORODOK

Silicon Forest: ¿Un Silicon Valley planificado?

¿Habéis estado en Siberia? Novosibirsk es su mayor centro industrial. De hecho, Novosibirsk es la tercera urbe del país (después de Moscú y de San Petersburgo). Tiene un millón y medio de habitantes y está situada en la ruta del transiberiano. Su clima en invierno es interesante (seguramente terrible sería un mejor adjetivo), con temperaturas de hasta -46º centígrados. Los veranos son más tranquilos.

Un día de mediados de los años cincuenta del siglo pasado, un helicóptero sobrevoló la ciudad y sus alrededores, centrándose especialmente en una zona boscosa deshabitada, a unos 25 kilómetros de Novosibirsk. ¿Quién viajaba en ese helicóptero y qué pretendía? La persona que iba a bordo de esa nave del ejército soviético era Laurentiev, conocido matemático ruso. Su misión era seleccionar un emplazamiento para un proyecto tremendamente ambicioso: la creación de una Ciudad de la Ciencia. En realidad, era un sueño y un encargo de  Nikita Khrushchev. Los soviéticos creían en la Ciencia y pretendían el avance del comunismo a través del conocimiento y la tecnología. Era primavera y esa zona al sur de Novosibirsk, en ese momento del año, desde el helicóptero, se percibió como ideal. Era un amplio bosque de abedules y cerca de allí, una presa en el rio Ob formaba un inmenso lago y su ribera era algo que se parecía a una playa.

La construcción de la ciudad se inició en 1957 y se completó en la década siguiente. Recibió el nombre de Akademgorodok (ciudad académica o ciudad de la ciencia). La urbanización contemplaba 3 áreas:

  • Una zona residencial, con:
    • Casas de campo residenciales de alta calidad, para los profesores y científicos distinguidos.
    • Edificios de pequeños apartamentos de calidad razonable, para los científicos de nivel medio.
    • Edificios de menor calidad, para los trabajadores de la construcción y los empleados manuales de los centros de investigación.
  • Una zona para los más de 20 institutos científicos dependientes de la Academia de las Ciencias rusa
  • Una área con una nueva Universidad y que albergaba también los dormitorios de los estudiantes, los cuáles no se quería que se mezclasen con los científicos.

En el momento de máximo apogeo, acogió a 70.000 residentes. Entre ellos, unos 7.500 científicos de los 20 institutos de investigación, varios miles de trabajadores y empleados en esos mismos institutos y 3.500 estudiantes. Los residentes en la ciudad tenían privilegios especiales en relación al resto de la sociedad rusa. Por ejemplo, una mejor alimentación.

El proyecto original de Laurentiev contemplaba la ubicación de empresas industriales en la cercanía de la nueva ciudad. Sin embargo, ello no llegó a ocurrir e imposibilitó conseguir uno de los objetivos, el de relacionar investigación y producción. Se trató de un diseño y de una ejecución aislacionista.

El aislamiento fue una característica propia de toda la Ciencia soviética. Un aislamiento tanto en lo que se refiere a la conexión con la producción como en relación al resto de comunidad investigadora mundial. Y ello fue la causa de la paradoja de la I+D y la tecnología soviética: una base científica muy fuerte junto con un evidente retraso tecnológico en muchos diversos ámbitos. Por ejemplo, los de la informática y la microelectrónica.

Manuel Castells, en su libro Tecnópolis del mundo, dice que “el experimento de Akademgorodok fracasó como proyecto de desarrollo regional, como instrumento de modernización tecnológica y como intento de crear un complejo científico. La calidad de la investigación de sus institutos era muy alta, debido simplemente a la calidad de los científicos que fueron a trabajar allí. Pero fue escaso el valor añadido que se obtuvo por la proximidad espacial de los institutos, ya que raramente se relacionaban entre sí. Es decir, los complejos científico-tecnológicos sólo se convierten en fuentes de innovación y en factores de crecimiento cuando existen vínculos y se da la interacción entre sus diferentes componentes y entre los complejos y una estructura productiva más amplia”.

Las ciudades de la ciencia se caracterizan precisamente por ser complejos de investigación estrictamente científicos, sin relación directa con la fabricación. Son planificados detalladamente por los gobiernos correspondientes y su propósito es el de alcanzar un mayor nivel de excelencia científica concentrando investigadores en un aislado medio urbano científico. La experiencia dice que ese exceso de planificación y las barreras con el mundo exterior han sido las causas de su falta de impacto. La concentración de científicos en un mismo lugar no es un factor suficiente para estimular la innovación.

La ciudad vivió momentos complicados después de la perestroika, cuando faltó la financiación pública, muchos científicos sufrieron enormes carencias y decidieron abandonarla. La investigación languideció. Pero en los últimos años todo ha cambiado y la urbe renace. Importantes avances se han producido en sus institutos de investigación y su Universidad ha formado a algunos de los mejores científicos soviéticos. Ante la falta de recursos públicos, la ciudad se ha abierto, estableciendo acuerdos empresariales. En los últimos 20 años se ha desarrollado el capital riesgo y se han creado más de 300 empresas tecnológicas. Muchas de ellas se ubican en su parque tecnológico, cuyo principal edificio es espectacular: dos grandes bloques inclinados y conectados por un paso elevado.

Las grandes multinacionales, como por ejemplo IBM o Intel, se han interesado por los desarrollos científicos y tecnológicos del lugar. La ciudad florece y ya se la llama el Silicon Forest.

Nuestro mundo, en el ámbito de la innovación, no es un lugar de aislamiento ni de planificación.

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